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Intuición y Naturaleza Humana      

Marisú Ramírez
Los seres humanos estamos yendo en muchas direcciones. Si, podemos elegir diversos caminos para lograr nuestro desarrollo evolutivo, no solamente el bien o el mal. Algunos requieren un gran esfuerzo, en ocasiones hasta tenemos que dejar de lado nuestra naturaleza humana y desarrollar nuestra propia sabiduría, trascendencia, intuición, fe y espiritualidad.
Desde el axioma psicológico de la naturaleza humana, los seres humanos proyectamos el futuro basados en lo que sabemos del pasado. Un niño pequeño no puede proyectar su futuro, más allá de su corta experiencia de la vida. Una persona sin preparación académica no proyectará su futuro siendo un gran triunfador. O un adulto mayor no proyectará su futuro porque conoce sus limitaciones y sabe que no vivirá para trascender más allá de su restringida y determinada esperanza de vida. Como en todo, existen excepciones, que realmente nos llegan a sorprender.
Entonces ¿Cómo podemos proyectar el resto de nuestra vida? Algunos comenzamos a prever y sentir el cambio. Percibimos que algo sucede y no podemos determinarlo claramente. Está sucediendo dentro de nosotros mismos, ¡es intuitivo! El psicólogo Carl Jung incluyó la intuición entre las cuatro funciones que requiere el ser humano para comprender la realidad y relacionarnos con el medio, las otras tres funciones son “el sentimiento, el pensamiento y la sensación”.
Un tonto no se da cuenta de que es un tonto, hasta que le llega una gran verdad que lo hace mirar hacia atrás y decir ¡Fui un tonto! Eso requiere algo que él no tenía cuando era un tonto.  Algunos dirán que están madurando en su naturaleza humana, otros que están despertando su intuición y otras más que están desarrollando o despertando su conciencia. Es una evolución de cualquier forma.
La presencia de personas, circunstancias y cadena de sucesos; incluso alfa- numéricos; pueden sentirse como verdaderos “Deja Vu”, la insistencia se puede deber a que lo podemos intuir, sentir y tocar. La premisa es tener cuidado con lo que esperamos, porque eso mismo se nos entregará.
Nuestra naturaleza humana nos vuelve dependientes de los demás, queremos sentirnos acompañados, amados o hasta idolatrados. No nos gusta sentirnos solos. No sabemos estar con nosotros mismos. La ayuda viene de nuestro interior, no de fuera.
Una parte fundamental de la naturaleza humana es el libre albedrio, pero a medida que crecemos comenzamos a sentirnos atraídos hacía otros que creemos resolvieron esto y los convertimos en nuestros prototipos. Todo lo que tenemos que hacer, es encender la luz y ya no tendremos temores.
Se dice que los seres humanos nos hemos peleado unos con otros porque no podíamos vernos entre nosotros. Cuando encendemos la luz y nos vemos unos a otros, vemos que somos iguales. Podemos no estar de acuerdo con los demás, pero son como nosotros y entonces comenzamos a ver lo que tenemos en común. Cuando esto le ocurra a la mayor parte de la humanidad, dejaremos de matarnos entre nosotros.
No se puede encender la luz si tenemos miedo, y no se puede encender luz si  decidimos quedarnos en la oscuridad. Sin darnos cuenta de un panorama mayor, nos quedamos parados en nuestro propio cuadrito o zona de confort “aunque esté oscuro” por lo tanto, eso será lo que esperamos del futuro.
Darse cuenta de un panorama mayor es parte del espíritu humano que evoluciona. Si nos quedamos en nuestro propio caos, entonces eso será lo que esperaremos del futuro. Somos merecedores de todo y no debemos permitir que nadie nos diga lo contrario.
Esto no sucede por arte de magia. Cuando despertemos por la mañana coloquemos nuestras peticiones e intenciones de tal forma que el resultado sea más benévolo y alegre; así podremos ver el panorama desde una perspectiva más alta y pintarlo con luz, empezando por nuestros hogares, trabajo y en general en nuestros entornos sociales. masryram@msn.com

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