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Fiestas guadalupanas, tradición centenaria de los vallartenses

Una de las tradiciones que se viven año con año en Puerto Vallarta, es el docenario a la virgen de Guadalupe y sus peregrinaciones, en el mes de diciembre, en las que participan familias, empresas, escuelas y sociedad en general para expresar su fe y agradecimiento a la morenita del Tepeyac, cuya figura es celosamente resguardada en la iglesia que lleva su nombre, en la zona centro de esta ciudad.

Tal como lo plasmara el profesor Carlos Munguía Fregoso en su libro, ‘Puerto Vallarta el Paraíso Escondido’, desde su fundación, Puerto Vallarta ha estado fuertemente ligado a la virgen de Guadalupe, desde que el 12 de diciembre de 1851, don Guadalupe Sánchez Torres se estableciera con su familia en la orilla del río Cuale y le diera el nombre de Las Peñas de Santa María de Guadalupe.

Más tarde, tras su elevación a municipio el 31 de mayo de 1918, la entonces comisaría de Las Peñas cambiaría su nombre a Puerto Vallarta, en honor del jurisconsulto y ex gobernador del estado, Ignacio L. Vallarta.

Para el 12 de octubre de 1921, el presbítero Alejo Enríquez, erigiría la parroquia de Las Peñas de acuerdo con el decreto del obispo de Tepic, don Manuel Azpeitia y Palomar. “Se convocó a los vecinos para elegir al santo patrono de la nueva parroquia nombrándose por mayoría al señor San José; y como titular del templo, por tradición, a nuestra señora de Guadalupe para que su imagen fuera colocada en el altar mayor”, destaca el autor.

Y continúa, “como se puede apreciar por los datos anteriores, la devoción a la virgen de Guadalupe siempre ha ocupado un lugar especial en el ámbito de los vallartenses. Anteriormente las peregrinaciones comenzaban el día 4 de diciembre y terminaban el día 12. Cada gremio u organización tenía un día señalado para su procesión y llevaban una ofrenda que los distinguía; los acompañaban los danzantes con sus chermés de vivos colores y penachos adornados con espejillos. No podían faltar el diablo y el viejo con sus máscaras de madera y el látigo para asustar a los chiquillos y el cohetero”.

Retomando esta celebración popular, al cumplirse el centenario de la fundación de este puerto, el 12 de diciembre de 1951, el cañonero Potosí y las corbetas Tomás Marín y Sáinz de Baranda, llegaron a la bahía para lanzar una salva de 21 cañonazos. “Como también se celebraba la fiesta de la virgen de Guadalupe, la banda de guerra de la Marina y los cadetes entraron en peregrinación hasta el altar”, resalta el profesor Munguía Fregoso.

Quien cuenta además que otra de las peregrinaciones que eran muy esperada, era la de los pilotos y azafatas de la línea aérea que volaba en ese entonces, que con sus uniformes de gala llegaban cada año expresamente para rendir pleitesía a la virgen.

“El desarrollo de la ciudad no ha disminuido el fervor de los fieles, al contrario, las peregrinaciones se han multiplicado y ahora empiezan en los últimos días de noviembre para poder dar cabida a todos los peregrinos”, relata, y tanto hoteles, tiendas, colonias, se esmeran para que su peregrinación sea la mejor con uniformes o trajes típicos, carros alegóricos, mariachis y danzas; sin embargo hay dos que destacan y contrastan por su sencillez y emotividad.

La primera de ellas, la de los ausentes; integrada por vallartenses que han tenido que emigrar a otras ciudades del país o el extranjero. Y la segunda, la de Los Favorecidos.

“El 12 de diciembre, desde temprano en la mañana, se empieza a reunir la más impresionante de todas las peregrinaciones que es un derroche de fervor y hace saltar hasta las lágrimas. Esta es la de los favorecidos, verdadero río de gente que llena de lado a lado la calle principal y avanza lentamente hacia el templo”, describe don Carlos Munguía.

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